jueves, 21 de mayo de 2015

Mi gran obra...

Mi gran obra, es así como me gusta llamar a mi vida,me parece que es una buena metáfora... ambas tienen un inicio, un nudo y un desenlace, solo que la vida no tiene un género, una etiqueta previa hasta que ésta no se da por acabada. A su vez como toda gran obra tiene sus actos buenos, peores y con situaciones que levantarían al espectador, si hubiese, de su butaca por el retroceso que tendría de la impresión de algunas escenas.

La obra da comienzo con la aparición de un bebé, una esponja minúscula sedienta por ver lo que le depara el mundo en el que ha nacido y que clase de papel tendrá en la obra. Al principió se ve aislado y angustiado, impotente al ver que se encuentra gran parte de su tiempo eclipsado por sus figuras paternas y por no ser capaz de no realizar nada por sí mismo aún. Unos actos más adelante, reaparece nuestro "protagonista" de nuevo y con ganas de absorber más y más experiencias nuevas y dejar permanentemente a un lado esos recuerdos que solo tenía haciendo hueco en su interior.

El personaje se encuentra con otros personajes como él, como si de un mal crossover se tratase, e intenta acercarse a ellos para saludarles, conocerles y quizás poder ser amigos. Cuando nuestro galán dio el primer pasó no supo lo que le acontecía más adelante en actos posteriores. Vio que al final más que estar rodeados de amigos o compañeros de clase estaba rodeado de los antagonistas de su obra; no era culpa suya, era demasiado inocente, tímido, tenía la capacidad de socializar de un mapache, y sin embargo se soltaba demasiado rápido ante las demás personas... pobre.

Después de unos cuantos 'actos' en la guardería, reaparece el protagonista más mayor y dentro de otro escenario, la primaria. El personaje no podría estar en peor situación, no tiene en nadie en quién confiar, ha llegado incluso a desconfiar de sus propios padres, no es feliz... y los únicos amigos que tiene de verdad están lejos de donde el vive. Nuestro galán está completamente sólo. Pero, haciendo alusión al título de G.García Márquez, el amor le surgió en los tiempos del cólera. Era la primera vez que nuestro protagonista estaba enamorado de alguien. Sentía un montón de sensaciones nuevas que nunca antes se hubiese imaginado que podría experimentar. No serán las únicas, 'little boy', desgraciadamente.

En el acto posterior al anterior, el protagonista se armó de valor y le declaró su amor a la chica que quería... bonito, ¿verdad? ojalá como todo buen cuento hubiese acabado ésta en los brazos del protagonista, pero esto es la vida y la vida es dura. La chica le negó su amor con la mayor sutileza que puede tener una persona provocando que a nuestro personaje le rompiera el corazón en mil y un añicos y siendo el motivo de burla de sus némesis, ascendiendo así hasta convertirse en objeto de bullyng... pobre chico.

Toca el cambio de escena después de llevar varios actos en la misma y pasamos a... ¿cómo? o sí, nuestro protagonista se estanca siendo uno de los pocos que repiten curso. Empezaba a recordar aquellos momentos en la cuna, en los que no podía salir ahí fuera, solo pudiendo llorar y esperar a que amainase la dura tormenta que estaba atravesando. Un bache, como dirían algunos que opinarían hasta por lo más mínimo que dijese alguien. En estos momentos de la obra, el protagonista puede desviarse por dos caminos: el de una soledad eterna, en la que sería odiado por todos incluso de los más cercanos y viviría siendo un Don nadie; o llegaría su madre como un rayo de esperanza que atraviesa esa gruesa nube gris que le envolvía en una amargura total comentando a nuestro galán la posibilidad de cambiar de escenario, solo tendría que trasladarme de teatro. ¿Llevaría un mejor futuro?¿Se arrepentiría de salir de ese cubil en el que esas hienas le habían hecho un hueco para 'intentarlo' de nuevo?... ¿Qué le importaba a él? adelante madre, procedamos al traslado.

Al llegar vigila sus pasos desde el primero hasta el último, se comporta como un perro callejero al cual a martirizado tanto la vida que no es capaz de abrirse al resto de la manada que se le acerca con curiosidad. En el próximo acto, el galán comienza a ir hablando poco a poco con esa gente a la que llama compañeros y, infinitas gracias universo, comenzó a hacer amigos... AMIGOS DE VERDAD... se sentía conmocionado el sentirse integrado, se sentí vivo. Pero, de nuevo, no todo iba a ser de color de rosas. Sale a escena el antagonista, que sin motivo lógico tratará de martirizar al galán haciendo su vida posible en el nuevo teatro y con sus nuevos compañeros. En el siguiente acto, la escena cambia y nuestro protagonista entra en la ESO. ¿Quién lo iba a decir, eeh...? después de las inexistentes esperanzas que pusieron sus antiguos mentores en su antiguo teatro, irónico,¿ no os parece? Dentro de nuestro protagonista reapareció el sentimiento de orgullo y valor, algo que no había... tenido prácticamente nunca, y arremetió con todo su odio acumulado, todos los insultos que había recibido, todos los desprecios y los convirtió en puñetazos que lanzó sin descanso contra el antagonista. El galán se liberó por fin de la cadena que le ataba a su anterior vida y del bullyng. Nunca se había sentido tan feliz, jubiloso, excitado,... que diablos, tan vivo.

Después de pasar cuatro maravillosos actos en el mismo escenario, a nuestro protagonista le tocó decir adiós a sus antiguos profesores, sus antiguos compañeros de batallas, sus mejores amigos, sus rivalidades de críos,... ya era hora de partir a una nueva etapa de la obra. El personaje atesorará con gran coraje los recuerdos 'absorbidos' en los actos anteriores.

Pasamos de escena y nuestro galán se encuentra en un escenario similar a su antiguo colegio-instituto salvo que con nuevos secundarios, a excepción de algunos personajes reciclados con los que no tratará mucho por motivos triviales. Es en estos actos donde nuestro galán hará acto de todo lo aprendido de su antigua etapa demostrando que cuando alguien se lo propone es capaz de conseguir cualquier cosa, por muchas veces que tropiece, siempre debemos buscar un apoyo en el que retomar la postura y seguir hacia delante.

Dando todo lo que tenía, nuestro protagonista no pudo vencer a dos de los jefes que le atormentarían durante el periodo de pausa de la obra. Tendría que conseguir mayor experiencia y mejorar sus habilidades para hacer frente de nuevo a los tres últimos jefes que le quedaban para ascender: matemáticas, filosofía y selectividad. Bravo, consiguió derrotar a los dos mini-jefes con gran esfuerzo... un último respiro muchacho, solo te queda destruir al jefe de los jefes, al que te han preparado toda tu vida para que pudieses vencerlo sin problemas.

¡¡¡Bravo!!!-el público grita de júbilo. No solo ha conseguido derrotar al jefe final sino que podrá convertirse en lo que siempre ha soñado ser, o al menos eso creía. No dando 'la talla', nuestro protagonista se vio eclipsado ante la situación de meterse en una formación a la que no había siquiera barajado la posibilidad de querer entrar. Su sueño era convertirse en un buen cuerpo de seguridad nacional. Sin embargo, nuestro personaje no perdió la esperanza, aun tenía posibilidades de conseguir su propósito inicial.

Cambio de escena. El galán está más solo aun que en los actos anteriores. Si antes no conocía a nadie, ahora mucho menos. Ahora nuestro protagonista es un hombre y no teme tanto como antes el cambio, lo nuevo.

Por suerte para él, en la nueva escena se encuentra con unos personajes secundarios únicos, gente llena de vida, simpática y sin mala baba. Se encuentra cómodo y con ganas de superar ese nuevo reto que se había puesto.

Se podría decir que la obra se encuentra en un punto muerto. Al fin y al cabo es una vida entera y esto no acaba más que empezar.

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